Hombre con alma de cubanía y Son


Por: Michel Álvarez Morales

Este 20 de octubre toda Cuba celebra el Día de la Cultura Nacional, nuestro espacio virtual se viste de gala haciendo honor a la memoria de Antonio Chámez Llabayol, personalidad de la cultura medialunera que cariñosamente lo llamábamos Ñico, el Ñico de las maracas o el Rey de las Maracas como muchos le llamaban, cualquier viajero o espectador tenía que detener su mirada en aquella magia y destreza que deslumbraban las maracas de Ñico, músico de formación callejera.

Es imposible en este breve escrito recoger la trayectoria artística de Ñico, nos ocuparía otro comentario y de hecho quedamos en deuda con usted estimado lector. La honradez y humildad de Ñico lo hicieron grande como Beny Moré, Bola de Nieves o Miguelito Cuní, su vestimenta en cada escenario con pantalones anchos y saco mangas largas lo hacían todo un caballero de la música, cada carcajada en su rostro estimulada por los aplausos del público y acompañada por un pasillo un poco jocoso, más el movimiento de sus manos que sacaban el sonido como fuego ardiente en las maracas, armonizaban aquel espacio musical que hacía bailar todo un pueblo.

Sus aportes musicales forman parte de nuestro tesoro cultural medialunero, canciones como Cinco Palmas, Mi caimán y Anoche te vi son entonadas por músicos y trovadores dentro y fuera de nuestro terruño. A este gran hombre que con una jaba en su mano izquierda llena de tinta y pasta para limpiar zapatos y otra en su mano derecha con la comida que había podido comprar con el fruto de su honrado trabajo, dedicamos este pequeño homenaje.

A ti Ñico siempre te recordaremos en cada fiesta, en la noche del té, en los espacios culturales de la Casa Natal de Celia y en tus brillantes actuaciones con la orquesta insigne Original de Manzanillo, como diría Pachy Naranjo, “Ñico fue un excelente músico, un hombre humilde, un amigo”.

Un día como hoy 20 de octubre de 1868 fue tomada la ciudad de Bayamo por los patriotas cubanos, entonan por primera vez La Bayamesa, con letra escrita por Perucho Figueredo, que luego se convertiría en nuestro Himno Nacional, Cultura y Nación se fundían en un abrazo para convertirse en un concepto inseparable a lo largo de la historia de Cuba, un concepto que habla de música y poesía, arte y rebeldía unidos en el fragor del combate.