Removiendo la creación desde Manzanillo


Remover la creación, no es solo una convocatoria a participar

Por: Reinier Rodríguez Guevara

Entrevista con el artista de la plástica Alexander Rivero García sobre los derroteros del trabajo promocional y crítico de las artes plásticas en Manzanillo.

Manzanillo ha sido siempre una de las ciudades gestoras de procesos socioculturales en Granma. Esto tiene que ver en gran medida por la cantidad de artistas e intelectuales que ha formado y otros a los que le ha dado abrigo. Desde tu punto de vista ¿cómo ves en la actualidad el desarrollo artístico-cultural en Manzanillo?

Manzanillo es una cantera indiscutible en casi todas las artes, gracias al trabajo sostenido por parte de los residentes y de quienes nos visitan. Esto tiene que ver con las instituciones que rigen la política cultural como la UNEAC, la AHS, el taller de artes plásticas Arsenio C. Martínez, la Casa de Cultura, la Casa Editorial Manuel navarro Luna, lo que queda de la Academia de Artes Plásticas, el Teatro Manzanillo, la galería Carlos Enríquez, la Oficina de Restauración y Conservación del patrimonio, sus cines no funcionales a estas alturas, la Escuela de Música y otras entidades relacionadas directa o indirectamente con el arte. En ellas o la margen orbitan creadores de todo tipo, cada cual sirviendo de presupuesto a su manifestación.

Respecto a las artes plásticas, en Manzanillos se ha irradiado lo mejor desde casi un siglo, y muchas generaciones de creadores han ayudado a que así sea, sirviéndose de educadores y educandos en pos de esa pretensión individual (muchas veces lograda) de hacer una obra genuina y de peso formal o conceptual.

En estos diez primeros años del siglo XXI, afloró en Manzanillo la enseñanza de la plástica con la Academia Carlos Enríquez. Esto enriqueció el quehacer artístico de la ciudad con la proliferación de estudiantes dignos de ser reconocidos como creadores, por exponer obras impregnadas de acierto en el contenido o la forma, o la unión de ambas.

Que se les diera espacio de participación en la galería a estudiantes recién graduados sirvió como motor para impulsar la creación de los mismos, aún cuando artistas de otras generaciones opten por una postura excluyente respecto a la creación de quienes muestran inquietudes artísticas individuales.

La Asociación hermanos Saíz (AHS) apareció como un pulmón o un corazón para reunir a los jóvenes, haciendo de ellos una fragua de eslabones, donde música, teatro, danza, cine y plástica se unen como un todo de creación. De allí mana una magia incomparable, hasta por el simple hecho que los de mayor edad y los jóvenes (sin ser absoluto) pasan al menos una vez a la semana por allí, a ver lo que está sucediendo o a preguntar por lo que va a suceder.

Apareció además el boletín de crítica de arte La Hoja Afilada para impulsar la creación artística, nacido en la Academia de los creadores que allí trabajamos. Desde noviembre de 2010 el boletín ha dado frutos inesperados, pues el hecho de dar un ojo atento a ver y decir casi oficialmente a lo que cada creador expone, exige de cada quien lo mejor, ya que cualquier pifia será desvestida para el público y cualquier logro será aplaudido ante los demás.

A propósito del boletín La Hoja Afilada (que según tengo entendido publican en coordinación con la AHS), me llama la atención que un folleto diseñado con el objetivo de impulsar la creación artística y la crítica, y que de alguna forma valida o deroga los modos de hacer en las artes plásticas, lleve como eslogan  “promocionar la obra de artistas manzanilleros”, ¿cuánto de exclusivista tiene el boletín?

Alguien dijo que el arte necesita una sociedad que necesite el arte. El boletín nació para marcar una nueva etapa en las artes plásticas en Manzanillo. Surge precisamente para corregir y estimular, crear y transformar. Él cambió la idea que del arte tenían muchos, puliendo conceptos equivocados por la idealización de los creadores de siempre, los de la generación que nos antecede siempre con su creación lineal sin exposición a cambios dialécticos. El boletín está para educar, para señalar desde la crítica posturas incoherentes respecto a la creación, no como imposición, sino como una consejería digna de ser asumida. Los que escribimos profundizamos y abonamos nuestras opiniones con el estudio de un arte universal y además contemporáneo, para que las bases de lo que escribimos en el boletín da la medida estudiosa de lo que pedimos, criticamos o corregimos.

Por supuesto que no es exclusivista. Está abierto a quienes deseen participar de cualquier lugar. También están abiertas nuestras galerías y salas de exposición. Es cierto que empezamos promocionando la obra de los artistas de la ciudad. Si la crítica del mismo no se ha expandido se debe a que no sabemos lo que sucede en los alrededores, o al menos ser invitados a lo que se haga en términos de arte en otros municipios.

Insisto en que La Hoja Afilada es en esencia un boletín de crítica de arte. De él no escapa ni la obra, ni el artista visto por la obra, ni el montaje, ni la relación de la obra con el espacio, ni la curaduría, catálogo, jurados, administración y peso de los lugares expositivos. Nace en Manzanillo para cambiar las percepciones del arte en Manzanillo, una por ser aquí donde primero deseamos el cambio, y otra, que aquí se expone lo que estamos criticando.

En el boletín No. 15, correspondiente al mes de noviembre, la curadora y especialista  del CPAPD Danelis Gómez Pompa, hace una fuerte crítica al “Salón 10 de Octubre” y entre los elementos que enuncia como posibles causas que generan la exigua calidad del evento, señala la poca seriedad de los artistas que participan, en especial, los graduados en la academia.

Entre otras ideas expone:

“Es indiscutible que algo pasa con la plástica en Granma porque, o no se ha sembrado lo suficiente para cosechar buenos frutos, o existen frutos que se nos han ido pudriendo sin apenas haber gozado su madurez”.

Como profesor de la Academia. ¿Cuánto hay de cierto en este criterio? ¿A qué crees que se deba?

Siempre la balanza ha de tener dos lados, así sabrás cuál de los dos pesa más. El arte en Manzanillo es un circuito donde unos aportan y otros no importan.

Actualmente los salones y otros eventos expositivos están siendo encabezados por un número invariable de artistas de diversas generaciones, los mismo de siempre, por decirlo de algún modo, lo que con una quietud constante por purificar y hacer correcciones en su obra. Muchos han sido los graduados en el municipio, en los colindantes de la costa y en Yara, mientras que desdichadamente un por ciento mínimo ha conservado la conciencia creadora y el espíritu artístico en pos de una producción, en pos de que las paredes de la galería y espacios expositivos no queden vacíos o lo que es peor, acogiendo bisuterías consideradas como arte. En el boletín hemos vapuleado tales actitudes, en intentos de que quienes no producen actualmente, se inserten sin resquemores ni tardanzas en la plástica de la ciudad, o la menos representen las artes plásticas en el lugar que estén. Siempre pensamos que resulta desdichado el material de la Academia si luego de egresar de ella muchos se vuelven necios improductivos.

La crítica de La Hoja Afilada vino a remover la creación en Manzanillo, notándose el resultado con la exposición que sucedió a la publicación del primer número del boletín. Los espacios no se han acortado y los eventos han ganado en calidad y unificado a los creadores en una familia crítica y autocrítica, además de la amalgama de varias artes en función de cada evento.

Los estudiantes siguen participando conjuntamente con creadores de mayor trayectoria, el público se ha acrecentado, conocedores o no, en una letanía o un rosario para ver, saber, aprender… o atraído por la especulación y los comentarios de lo que va a suceder.

El arte joven se ha impuesto de un modo tenaz y esto mismo es lo que aplasta a los creadores jóvenes que pierden su tiempo en otras faenas, más en un lugar donde el número de artistas es limitado y la necesidad de arte es mucho más apremiante. También sucede en los municipios de la costa donde solo una docena de sus artistas plásticos son egresados de la Academia, con capacidad para llevar la batuta en su ciudad y su vagancia permite que suceda todo lo contrario.

Las formas de creación espontáneas no medidas por una formación académica, constituyen expresiones de la cultura popular tradicional en cualquier manifestación artística.

En el caso específico de las artes plásticas existe algún límite que ayude a visualizar cuándo es un arte de este tipo y cuando es de academia.

¿Existe alguna relación de superioridad y/o inferioridad con el arte académico por no estar legitimado por los institutos?

Por supuesto que los límites entre el arte popular y el arte de academia son dos caras muy diferentes, aunque aparenten ser de una misma moneda. El primer modo de afirmarlo es por la ecuación fácil y dogmática de las artes plásticas: artista-contexto-obra-espacio-espectador.

Tal vez por no tener mayores conocimientos sobre el mundo de la artesanía o el arte popular en general, no me incumban los comentarios sobre tal arte; pero la diferencia está marcada por los conocimientos relativos a las artes plásticas devenidas de la enseñanza académica.

La relación planteada entre artista-contexto-obra-espacio-espectador, son catalizador de tal diferencia, desglosándose de esta relación una serie de procesos, cualidades y fenómenos que difieren las relaciones que puedan darse.

En primer lugar, la artesanía es hecha con el fin de producir en un proceso de venta-compra-venta-reventa, mientras que de este lado el proceso es más complejo. Debe primar en la pieza el lazo entre forma y contenido, donde el artista es una mezcla de su personalidad y sus pensamientos, su observación y sus inquietudes creativas, el artista crea su obra a partir de lo que ve o siente, a partir de estímulos exteriores que influyen en su interior, a partir de sus experiencias, vivencias, estigmas personales, su modo peculiar de ver las cosas y su deseo de cómo quiere que sean vistas, de ahí que sea considerado un creador.

Producto de esto surge la obra, que no es un simple objeto (sea la cualidad física que sea) expuesto para complacer el gusto trivial y vano del espectador por tal de vender, sino que aparece como una imagen impregnada de categorías estéticas acontecidas de cánones, códigos personales o colectivos, ideales o necesidades objetivas y subjetivas, además del halo de complacencia en el proceder de la creación.

La artesanía crea a partir de la reproducción, o a partir de ápices banales necesarios en la imagen que va a ser comercializada, mientras el artista crea y transforma para hacer su obra, en su obra y con su obra, llega a su pieza de un modo consciente o inconsciente a partir de su visión de las cosas.

El artesano o artista popular se hace una sola pregunta: ¿se venderá la obra? Sea cual sea. Mientras que el artista se hace siempre tres preguntas: ¿Por qué? ¿Para qué? Y ¿Cómo?, sabiendo que debe crear a través de la fusión de manualidades, mezcla además su talento y maestría.

Al artista le es de interés la semiótica de su trabajo y la intencionalidad en el mismo, así como el espacio donde va a exponer su obra. El espacio siempre le aporta o le quita según su elección. También le interesa que se establezca un diálogo entre su obra y el espectador, le interesa obedecer a cánones o poéticas de la época o simplemente obedecerse a sí mismo, asumir rebeldía o lanzarse a un estilo en nacimiento.

La única relación aparente está dada en que ambas obras son dirigidas a perceptores clasificados y no clasificados, donde unos optan por la obra de arte popular y otros por la obra devenida de la enseñanza académica.

Las artes plásticas en Cuba (como el resto de las artes) han tenido importantes y reiterados momentos de esplendor y por supuesto cuestionables y nefastos momentos de crisis.

Hasta qué punto crees que afectaron los sucesos de los 90´  la memoria cultural, el discurso artístico y la actividad crítica intelectual de los exponentes de la plástica en Cuba.

¿Y específicamente en Oriente?

En la segunda mitad de los años ochenta y la década de los noventa en Cuba, el arte toma un giro inesperado. Producto de la posesión del arte extranjero, aparecieron en las galerías instalaciones (inicios del arte conceptual), los collages y una pintura más estridente, saturada de contenido. Juan Francisco Elso con su resonancia mítica, tiene un carácter fundacional, por cuanto inauguró derroteros de poética inéditos en el arte nacional; José Bedia marcaría pautas de la trayectoria artística con las instalaciones nacidas de su sensibilidad creadora hacia las llamadas culturas primitivas; José Manuel Fors deslumbra con sus objetos, los mismos que en sus piezas recuerdan a los coleccionistas refinados y voraces del manierismo. La pintura de Ricardo Rodríguez Brey marca una estructura de mitos (título de una de sus piezas). Leandro Soto muestras piezas dotadas de cualidades para gestar y promover iniciativas artísticas disímiles, así como las particularidades de otros muchos artistas como Humberto Castro, Consuelo Castañeda, Lázaro Saavedra, Kcho, Belkis Ayón, Carlos Estévez y otros.

Con ellos irradiando desde la capital del país, vino al oriente el mismo cambio, lo que asumido de un modo diferente al que se hacía en el occidente. Se pudieron contar no más de cinco artistas por cada provincia asumiendo una creación prolífera y el ruido de los cambios, los mismos que luego fueron profesores de las generaciones jóvenes en ese momento y de las que estamos hablando.

El mimetismo es uno de los primeros procesos de la creación cuando se es estudiante, y más en los finales de los noventa y las postrimerías del siglo XXI, que, aunque la obra de arte es más que un tumulto de creación con presupuestos casi idénticos en forma y contenido entre varios artistas, viene a ser un reflejo asumido de modo individual de lo que vemos que otros están haciendo o hicieron. En este período aparecen en las Academias de Oriente y por ende, en la de Manzanillo, un flujo de arte objetual, instalaciones, collages y una creación cosmopolita y sin lindes, más allá de la pintura academicista o las manualidades, respondiendo a los cánones de siempre.

Amen de esta situación, están los creadores que saben marcar su límite de mimetismo para poner dentro del juego una perspectiva artística muy particular, con códigos personales o colectivos desde el filtro de sus pensamientos intrínsecos. Porque lo que sí es difícil, es la pretensión de ser genuinos e inéditos sin evitar que la obra tenga en sí misma algo que no se haya hecho. Donde se marca la diferencia es en sus códigos, en el contexto realizado y en el contexto en que es consumida.

Aún así los puntos de coincidencia con algún período del arte son poco posible de evitarlos, lo que a veces es incómodo, es que el escepticismo de otros que creen estar en la meca del arte en la provincia, les haga juzgar el arte como una imitación transparente con esas corrientes de los setenta, los ochenta y los noventa, dicho por los mismos artistas que no han mostrado nada sugerente ni relevante desde esta fecha. Esto nos deja claro que remover la creación, no es solo una convocatoria a participar, es también un compromiso de cada artista a crecer.

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