¿Qué vas a hacer cuando me veas?


Lo que es capaz de hacer el amor verdadero

Lo que es capaz de hacer el amor verdadero

Por: Michel Álvarez Morales

Alguien me pidió que escribiera sobre el amor, no me creo un poeta, porque no lo soy, ni tampoco una persona con vasta experiencia en redacción, porque no la tengo. Lo importante de esta tarea que una gran amiga me dio, es que iré descubriendo nuevos lugares que estaban sin visitar dentro de mi mente y de la mente de muchos amigos, cuales son parte de la razón de ser de mis escritos.

Amelia es una gran amiga que reside en la provincia de Matanzas, hace más de 20 años que vive en esa región, antes había vivido en la provincia Holguín, su tierra natal.

Esta joven actualmente con 38 años de edad, desde la adolescencia fue una muchacha que no le temió a la vida y le dio el frente a todas las situaciones que se presentaban, trabajadora, preocupada por su familia porque no faltara lo necesario en su hogar, fue construyendo desde su interior como ser humano, una mujer madura y conocedora de la vida como lo es la Amelia de hoy.

Recuerdo que hace como un año tuve la oportunidad de intercambiar con ella algunos temas, nos encontramos por pura casualidad en Bayamo, provincia Granma, ella hacía una visita de trabajo a esta provincia, Amelia es una mujer muy inteligente y profesional, trabaja como auditora en la empresa hotelera de Matanzas.

En el encuentro hablamos sobre el trabajo, las opciones recreativas que tenían en el municipio donde vive, y bueno, algo de lo personal, este último muy abordado, nos actualizamos un poco, ya que teníamos elementos en común a tratar en este sentido.

La amiga me comentaba sobre los fracasos de la vida, ella tuvo que pasar por momentos muy desagradables que por ética no hizo mucha referencia, si me dejo ver que fue muy maltratada en el amor en varias ocasiones. Me contó que por esa causa permaneció un largo tiempo sola, y que en ese período se le acercaron muchos hombres con varias propuestas, casamientos, relaciones estables, bueno me enumeró varias cosas, incluso muchas veces tuvo que atender llamadas telefónicas de enamorados, locos por ella, en altas horas de la noche, las cartas de amor, uh uh uh, se le sobraron, ya no las guardaba porque no tenía lugar, dichosa fue mi amiga, muchas mujeres no disfrutan ya de esos detalles.

Se refirió con gran emoción a un joven, menor que ella por cierto, según Amelia muy diferente a los que a sus pies habían llegado anteriormente. El nombre del muchacho no lo recuerdo, pero si me llega a la memoria en estos momentos que él era de otra provincia, me parece si no me equivoco de Santiago de Cuba, un poco distante de su lugar de residencia en Matanzas. Se conocieron en un evento científico en La Habana y pudieron intercambiar en ese espacio aunque un poco limitado por el tiempo y las exigencias del programa, pero siempre hubo un instante para una salidita, tomar algo y hablar sobre ellos. ¡Ah! no me dio detalles sobre este encuentro, solo hasta ahí.

Según Amelia, dice que pasó tiempo y no sabía del joven santiaguero, pero ella no dejaba de pensar en aquel recuerdo del evento que marco su corazón, no solo con la experiencia adquirida y el aporte científico, sino porque sentía que una flecha perdida había tocado sus sentimientos. Un día se levantó con deseos de localizar a ese amor, realizó llamadas a compañeras(os) y amigas(os) que habían participado en el evento, ya habían pasado tres años, hasta que pudo localizar su centro de trabajo por medio de una compañera que por vía correo electrónico le hizo llegar la información.

Amelia me cuenta que recibió la información a la una de la madrugada, estaba frente a su computadora en su centro de trabajo, puesto que ese día le correspondía guardia laboral y también necesitaba adelantar algunos trabajos pendientes. La emoción la conmovió tanto que le dio por llorar, en ese momento su mente estaba fija en ese joven, se terminó el trabajo y todo lo que había planificado para su estancia en el horario de guardia.

La intranquilidad ocupó su estado anímico, pasaron por su mente innumerables situaciones, formas de presentarse aunque fuera por teléfono cuando le comunicara, las cosas que le iba a comentar, bueno, yo tuve que reírme en ese momento porque la vi tan emocionada que hasta yo me creí el muchacho.

En la mañana, se levantó atendió a su aseo personal y espero fueran las ocho de la mañana, realizó como cinco llamadas y el joven no llegaba, pasada una hora logra comunicar con su departamento, el joven trabajaba en la Universidad de Oriente como profesor, le comunicaron que había salido para el municipio Palma Soriano a visitar la sede universitarias. Logré ver en Amelia mientras me contaba esta parte de la historia, un brillo en sus ojos que las palabras son escazas para describir con cuanta emoción me relataba esta novela, porque así fue como le dije, esto es una novela de amor.

Al día siguiente después de tantos esfuerzos, logra localizar al joven, los dos se sintieron tan felices y tan emocionados que Amelia no sabía que preguntarle, y él menos podía preguntarle a ella cómo hizo para encontrarlo. Bueno en este momento de la historia, mi amiga decide ir al baño, ya llevábamos un buen tiempo platicando, pero yo estaba inquieto por saber el final de esta novela, y le pedí se apurara, que cosa verdad, cuando uno se topa con los amigos quiere abarcarlo todo en un rato.

Bueno al fin mi amiga llegó y siguió la historia, me contó que acordaron visitarse, se llamaban casi todos los días y cuando no lo hacían, era como si el mundo no existiera para ellos, lo que hace el amor caramba. Él iba a realizar un viaje a La Habana y al regreso se quedaba en Matanzas para encontrarse con ella, pero el viaje no tuvo lugar, entonces fue ella la decidida, en el mes de julio tenía vacaciones y se había propuesto ir a visitarlo.

Recuerdo que me dijo que ya días próximos a su viaje lo llamó y le preguntó ¿qué vas a hacer cuando me veas?, el muchacho se quedó pensativo por pocos segundos y le respondió, pues, no lo sé, volverme loco quizás y se rieron los dos, pero él se entusiasmó y le dijo, te miraré a los ojos fijamente sin pestañear, quizás se me corte la respiración o me quede inmóvil algún tiempo, pero al recuperar mi estado normal, te diré Amelia, te amo.

Nos reímos Amelia y yo, las personas que estaban a nuestro alrededor nos miraban, quizás se dijeran, “están locos”, pero disfrutábamos de aquella historia, pero dice mi amiga que el muchacho continuaba dibujando en sus oídos cosas hermosas que a su corazón llegaban como un tiro directo, en una ocasión le dijo, yo llevaré a tu espera un ramo de rosas en mi mano derecha, y en la izquierda mi confección de hombre enamorado y la propuesta de casarme contigo, Amelia no podía sostenerse a las palabras del galán enamorado y suspiraba profundo con desespero, me contó que si por ella hubiese sido, se iba en el ese momento para Santiago de Cuba.

Llegó el gran día, Amelia partió al encuentro con el joven santiaguero, fue algo sin igual, como un sueño, tuvo la oportunidad de ver en hechos lo expresado por el joven en sus conversaciones por teléfono, el ramo de rosas en su mano derecha y en la izquierda su confección de hombre enamorado y la propuesta de matrimonio, en realidad mi amiga se nombró dichosa de encontrarse un hombre así y no fue pura casualidad, actualmente llevan años de casados y día a día fomentan una relación armónica, tienen una familia ya creada, su hija Delia María, hermosa bebé, cursa el primer grado escolar en la provincia Matanzas y sus padres están muy satisfechos de haber sido bendecidos por Dios en el amor, la familia y la vida.

Ya se hacía tarde Amelia y yo decidimos retirarnos, había abusado bastante de mi amiga y en horario de la noche sus compañeros habían preparado la actividad de despedida, la acompañé hasta la casa de visita donde se encontraban hospedados, nos abrazamos fuerte y con tristeza nos despedimos, Amelia es una gran amiga, que muy pocas veces existen en nuestras vidas, -son escasos ya las amigas y los amigos, verdad-, es una mujer que fue educada a la antigua, pura como el agua del manantial, respeta a su pareja y se sabe valorar como mujer.

Yo le digo siempre que hablo con ella, eres la mujer que muchos hombres en el mundo quisiéramos tener.

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