¿Cómo y cuándo llegaron hasta los primeros medialuneros? (historia segunda)


Por: Dickie Vázquez Mestre (historia segunda)[i]

Cuando hablamos de los primeros medialuneros con frecuencia lo hacemos pensando en aquellos que constituyeron los barrios más antiguos que hoy conocemos, pensamos en quienes vinieron  a poblar este pedazo de suelo  cubano a principio  del siglo XIX, o tal vez en aquellos que se asentaron en la región algunos años antes. Pero olvidamos que muchos años atrás en el tiempo, tiempo que se cuenta en miles de años, este suelo que hoy pisamos fue recorrido por hombres que llegaron a Cuba -y a Media Luna- en distintas oleadas, con diversos grados de desarrollo cultural y socioeconómico, dueños de tradiciones en su mayoría olvidadas y de lenguas cuyos vocablos aún subsisten, en particular cuando nombramos  nuestros ríos y arroyos: Macaca, Guarajabo, Sibama, Cojobabo, Tana, etc. Pero aún antes que aquellos bautizaran  nuestros ríos, llegaron otros cuyas huellas son mucho más difíciles  de apreciar y que fueron precisamente los primeros hombres que pisaron nuestro suelo, nuestros más primitivos habitantes, los primeros medialuneros. Si  pudiéramos descorrer la neblinosa cortina del tiempo observaríamos un territorio boscoso, poblado por una rica fauna que en muchos casos nos resulta desconocida, y por comunidades aborígenes muy primitivas que convivían armónica y equilibradamente con aquel maravilloso ecosistema. A la sombra de los densos bosques y palmares se desarrollaba la vida del primitivo habitante. El drama de la existencia transcurría en toda su intensidad. La lucha por la subsistencia asociada a la caza, a la pesca, a la recolección y más tarde a la incipiente agricultura, era parte del quehacer cotidiano. Formas de organización de la familia y la comunidad que hoy nos parecerían extrañas;  ritos mágicos-religiosos y funerarios que aunque primitivos tienen elementos comunes a los que hoy subsisten. Relaciones entre los hombres, niños que ríen y juegan, parejas que se aman, también enfermedades, escasez, epidemias y muerte. En fin, la vida en todos sus matices sólo que… hace más de 3000 años. Ni siquiera los conquistadores españoles conocieron en su totalidad todos los etnos  que habitaron Media Luna[ii]. Si bien es cierto que contactaron con algunos, otros habían desaparecido como tales, ya sea porque habían emigrado a otras regiones de Cuba o del  Caribe o porque habían sido asimilados culturalmente por grupos humanos más desarrollados. Al llegar las huestes ibéricas a Cuba la población aborigen de la isla se calcula hoy en algo más de 200 mil habitantes[iii]. Media Luna se encuentra en lo que entonces  se denominó como PROVINCIA INDIA DE MACACA. Todo parece indicar que esta región, que abarcaba desde el río Tana hasta Cabo Cruz, estaba muy poblada, la enorme cantidad de sitios arqueológicos localizados así lo demuestra. Era, sin dudas, una de las áreas más pobladas de la isla. Los sitios arqueológicos hasta ahora detectados en la parte del territorio que hoy corresponde al municipio de Media Luna  pertenecen a tres comunidades étnicas bien diferentes: grupos Preagroalfareros con tradiciones mesolíticas tempranas, que fueron los más primitivos, grupos Protoagricultores con tradiciones mesolíticas tardías y por último grupos neolíticos  (Agroalfareros) en su etapa más temprana. Estos sitios comenzaron a ser localizados y estudiados por el doctor Manuel Sánchez Silveira durante la primera mitad del siglo XX. Ya a la altura de los años setenta un grupo de aficionados que respondía al nombre de MACACA continuó los estudios completando el panorama descrito inicialmente por Sánchez. Hoy, al culminar el siglo XX se tiene una visión mucho más completa, aunque no total ni  mucho menos acabada, de las oleadas de poblamiento aborigen  que fueron llegando al costero municipio granmense. Corrientes migratorias de poblamiento aborigen. La suerte de aquellas primeras migraciones estuvo indisolublemente ligada a la flora y la fauna cubanas y a la posición de nuestro archipiélago en el contexto caribeño. Influyó decisivamente un aspecto poco conocido pero que favoreció considerablemente el desplazamiento de los primeros grupos humanos hacia nuestra isla. La ciencia ha podido comprobar que hace unos 18 mil años se produjo un período de máxima intensidad glacial. La congelación de los casquetes polares trajo consigo un descenso del nivel del mar hasta unos 100 m por debajo del actual. Aún mucho después, hace entre  ocho y diez mil años, todavía el nivel de las aguas marinas estaba aproximadamente a 18 m por debajo de los niveles a los que estamos acostumbrados[iv]. Así las cosas, Andros, en el archipiélago de las Bahamas, era sólo una elevación insertada en una gran isla constituida  por una parte considerable de lo que es hoy el Gran Banco de Bahamas. Otro tanto sucedía con la cayería del norte de Ciego de  Ávila y Camagüey de modo que se estima que la distancia entre las dos islas era sólo de 18 km; más o menos la distancia actual entre los cascos urbanos de Media Luna y Niquero. Por otra parte, desde “Cabo de Gracias a Dios”, en la frontera entre Honduras y Nicaragua, emergían algunas islas que facilitaban el tránsito hasta Jamaica. Otro tanto sucedía con una cadena de islas que permitían el paso desde el golfo de Honduras hasta el sur de Cuba. Hoy en día sólo  las cúspides de esas islas se asoman por sobre el nivel del mar constituyendo las islas Swan, Caimán Grande, Caimán Chico, Caimán Brac. La Costa sur-oriental de Cuba se prolongaba mucho más al sur quedando fuera del agua una gran parte de  la plataforma de Los Jardines de la Reina y del golfo de Guacanayabo. La única barrera estaba constituida por la fosa de Barttlet, muy profunda pero estrecha en muchas partes. También hay que agregar que nuestros primeros pobladores fueron muy buenos navegantes. Para moverse sobre el mar, distancias que sumaban varios kilómetros, resultaba una actividad cotidiana. En sus pesquerías, alejándose cada día más, iban  descubriendo nuevas islas que posteriormente habitaban y explotaban. Así, en un proceso de miles de años, fueron moviéndose y conquistando toda la región caribeña y por supuesto, Cuba. Llegaron de todas partes, de La Florida, en Norteamérica; de Centroamérica; de Sudamérica, a través del arco que forman Las Antillas; unos primero y otros después, en un proceso en que la adaptación al medio  y la evolución fueron tejiendo múltiples tradiciones tanto en el terreno de la cultura material como en el de la cultura espiritual. Así se formaron los primeros cubanos, los primeros medialuneros, como el lógico producto de una larga y dura evolución de cientos y hasta miles de años. Pero después de la azarosa travesía aquellos hombres encontraron en las distintas regiones de Cuba condiciones sumamente favorables para la vida. Para comenzar, la flora: más de 7000 especies constituían la  rica flora cubana. Cuentan los cronistas que podían recorrerse distancias enormes, hasta de 800 km, a la sombra de los bosques.  El Guayacán, la Ceiba, el Cedro, la Caoba, la Palma Real; entre los árboles frutales  se encontraban en abundancia el Mamey Colorado, la Guanábana, el Anón, el Caimito, la Guayaba (preferida de los grupos aruacos), el Hicaco, el Corojo. Además, los grupos que contactaron con los ibéricos también cultivaban la yuca, el boniato, el maíz, el algodón y el tabaco. Imaginemos por un momento que todos los terrenos que hoy están sembrados de caña de azúcar  en Media Luna estuvieran totalmente cubiertos por bosques maderables, llenos de árboles frutales, que en distintas épocas de año ofrecen, generosos, sus frutos, en una tierra fértil y con un clima benévolo, sin calores excesivos ni fríos intensos. Esa debió ser la Cuba descubierta por nuestros aborígenes. Muchos años después, ya bajo la acción depredadora del hombre, el Gran Almirante exclamó: ESTA  ES LA TIERRA MÁS HERMOSA QUE OJOS HUMANOS VIERON. Media Luna en particular, enclavada en el sur del Guacanayabo, surcada por múltiples ríos y arroyos, bañada por tranquilas aguas marinas, entre las montañas y la costa, con extensos manglares, debió constituir un excelente marco para el establecimiento de los distintos grupos. Y como si esto fuera poco, la fauna, no menos rica y diversa. Tal vez pobre en relación con la cantidad de mamíferos, especialmente los grandes mamíferos, pero abundante en moluscos, peces, crustáceos y aves. Entre los mamíferos que sirvieron a la dieta aborigen aparece la jutía, de la que existen diversas especies  y cuyos restos se colectan prácticamente en todos los sitios arqueológicos que se estudian; habitan los más diversos medios, desde las zonas rocosas hasta los bosques y manglares. También abundaba el manatí, hoy casi extinguido, el almiquí y hasta la foca tropical, hoy ya totalmente desaparecida  Los  reptiles y quelonios también tienen su representación; la tortuga  verde, la caguama, la jicotea; además las iguanas y variedades de lagartos y cocodrilos. El majá de Santa María también fue parte de la dieta de aquellos grupos humanos. Los moluscos; además de aportar su carne permitían la confección de instrumentos disímiles de trabajo elaborados hábilmente a base de sus conchas. Crustáceos como el cangrejo, (azul y rojo), cuya captura era fácil; peces de todo tipo, tanto de ríos como de aguas saladas; la biajaca, la cubera, el pargo, el pez perro y otras muchas especies,  incluyendo el tiburón. Estas poblaciones, a la llegada de nuestros primeros ancestros, debieron ser muy numerosas, y representó una vital fuente de alimentación. Obviamente la recolección, la pesca y la caza exigían esfuerzos, unos mayores que otros, el medio boscoso debió dificultar la captura de muchas especies perfectamente adaptadas a su medio y con sus correspondientes mecanismos de defensa. Pero el hombre desarrolló un complejo técnico que aún hoy nos resulta increíble y obtuvo una considerable utilidad subsistencial que garantizó su azarosa vida. La lucha hombre-medio propició el desarrollo de una “cultura técnica” que a su vez impulsó el desarrollo intelectual de aquellos seres humanos[v]. En el mundo  hubo medios mucho más hostiles. Comparado con las zonas desérticas o heladas, o con la peligrosa selva tropical suramericana, el medio geobiológico cubano debió ser una especie de “paraíso terrenal”. Además, como ya señalamos, el hombre sacó producto de todo, de cada piedra, de cada concha, de cada hueso. Fue  eficiente en la caza y en la recolección, apoyó esta actividad con la pesca, y los grupos más evolucionados introdujeron la agricultura. Esta última liberó parcialmente a nuestro hombre primitivo del nomadismo. El hombre, como elemento transformador del medio que lo rodea, muchas veces agota parcialmente su fuente de alimentos alterando el ecosistema que se encuentra bajo su esfera de influencia económica. Como consecuencia, se ve obligado a emigrar. La agricultura y el procesamiento de algunos alimentos como la yuca, le permitió almacenar para las etapas difíciles del año y alternar con las actividades de la caza. Esto propició cierta estabilidad. Migraciones estacionales y el intercambio con otros grupos redondearon un modo de vida que satisfizo en cierta medida la demanda alimentaria en aquellos grupos que alcanzaron un mayor desarrollo. Esto dio más tiempo al hombre para las manifestaciones superestructurales como son las prácticas  mágico-religiosas y funerarias, muy unidas todas, indisolublemente ligadas como un todo único. De cualquier forma, estas prácticas aparecen en mayor o menor grado, de una manera más o menos sofisticada, en todos los grupos humanos, aún en los más primitivos.


[i] El grueso de las referencias bibliográficas asociadas a esta historia aparecen en el trabajo “Historia de Media Luna, primera parte. Comunidades Aborígenes”, material impreso en formato de libro plegado que se encuentra en la biblioteca municipal “Mártires del 34” de Media Luna, por ello se hacen solo las citas más importantes.
[ii] Un etnos o comunidad étnica es un organismo que ocupa un territorio al que le corresponde una comunidad de lengua, rasgos comunes de cultura y modo de vida, comunidad  de religión o creencias.
[iii] Colectivo de Autores. Historia de Cuba: La Colonia. Editora Política. La Habana, 1994. p 7.
[iv] Ibíd.
[v] Consulta personal con el Dr. José Manuel Guarch Delmonte.
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3 pensamientos en “¿Cómo y cuándo llegaron hasta los primeros medialuneros? (historia segunda)

  1. Busco a Dickie Vázquez Mestre. Soy nieto de Rolando Mestre y hijo de Caridad Mestre Codina. Mi nombre es Alex. Si alguien puede ayudar, se lo agradezco.

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